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La Obra se ha extendido por toda Europa, América, Asia, Africa y Australia. Todo con el deseo de servir a la Iglesia y al Papa.

El Padre viaja por muchos países de Europa y América para llevar la buena doctrina de Jesucristo. No le importa enfermar y de hecho ofrece su vida al Señor por la Iglesia.

El 26 de junio de 1975, el Señor acepta su ofrecimiento. Hacia el mediodía regresa de estar un rato con hijas suyas cerca de Roma. Al entrar en su despacho mira el cuadro de la Virgen de Guadalupe y la saluda con una mirada cariñosa. Poco después se encuentra mal y se desploma sobre el suelo. Inmediatamente D. Alvaro le administra los últimos sacramentos. Los médicos hacen lo que pueden para reanimarle, pero el Padre está ya en el Cielo.

A pesar de su muerte, sigue velando por la Obra desde el Cielo. Y don Alvaro es elegido como su primer sucesor aquí en la tierra.