A Roma

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Un día, el Padre decide trasladarse a Roma para dirigir desde allí la Obra y para pedir al Papa que la apruebe para todo el mundo. Meses antes Alvaro se ha ido a Roma a iniciar estas gestiones.

Tras un agitado viaje en un viejo barco correo -el J.J. Sister- llegan a Italia. El primer día de su estancia en Roma comienza a rezar por el Papa y la Iglesia desde el balcón de su habitación que daba al Vaticano. Tiene tanto amor al Papa que sigue rezando hasta el amanecer.

Poco tiempo después, el Papa, reconoce que la Obra viene de Dios y la bendice para que pueda desarrollarse por todo el mundo.