Poco
tiempo antes de ordenarse sacerdote sufre una nueva
desgracia: su padre se pone muy enfermo. Acude pronto a
verle pero cuando llega a su casa, ya ha fallecido. Se
arrodilla y reza ante él. Su madre le cuenta
cómo ha ocurrido. Ha sido todo muy
deprisa.
Josemaría
siente una gran desgracia y llora por su padre. Se da cuenta
de que ha muerto agotado por sacar adelante la familia y que
muere como ha vivido, con una sonrisa en los
labios.
Unos
días después la familia se traslada con
él a Zaragoza.