| HISTORIA
Los
pamploneses, hacia 1324, empezaron a celebrar una ferias
comerciales entre el 24 de junio y el 14 de julio. Poco
a poco, se empezaron a celebrar diversiones el día
del Apóstol Santiago. A esto se unieron, por
un lado, la organización de corridas de toros,
y por otro, los festejos en honor de San Fermín.
Así, en 1591, surgieron los Sanfermines.
En
un principio, la festividad se celebró el 10
de octubre con Sanfermines culto-religiosos, danzas,
corridas de toros, ferias de ganado y afluencia de gentes.
Pero por ser el otoño tiempo poco apto para festejos
taurinos, las autoridades decidieron adelantar las fiestas
al primer domingo de julio, que coincidió ser
el día 7. Desde entonces, ha sido y sigue siendo
el 7 de julio, San Fermín: bulle Pamplona de
alegría ininterrumpida durante más de
200 horas seguidas.
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Esperamos que encuentres lo que
buscas, o por lo menos, conozcas un poco más
estas fiestas tan universales, de las que los navarros
nos sentimos orgullosos:
su historia,
Hemingway,
Actos tradicionales. |
| ACTOS
TRADICIONALES
- El cohete:
antiguamente, no fue un acto oficial ni multitudinario.
Hasta 1901 ni siquiera se lanzaban chupinazos. Los responsables
municipales y el vecindario iban en masa el 6 de julio
a la parroquia de San Lorenzo para participar en las
Vísperas del Santo Patrono. En
el inicio de la centuria comenzó
el lanzamiento de cohetes
en la Plaza del Castillo.
En 1940, el primer teniente de alcalde, lanzó
el cohete y propuso al alcalde, José Garrán
inaugurar el cohete de las fiestas desde
la Casa Consistorial.
| Así nació uno de los actos
más arraigados en las fiestas: el chupinazo.
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| Toros:
el elemento esencial de las fiestas sanfermineras
son los toros, ejes de la celebración a
lo largo del día. Puede decirse que todos
esos actos taurinos confluyen en la lidia vespertina.
Hasta finales del siglo pasado, Pamplona no necesitó
corrales que albergasen los toros llegados desde
las dehesas. Las corridas esperaban en los sotos
de Esquíroz, Mutilva, Cizur Menor, Salinas,
el Sario y Barbatín.
Cuando a finales del siglo pasado comenzaron
a contratarse divisas no navarras, se abrió
la historia de los encierrillos. Los toros llegaban
en ferrocarril, se desencajonaban en los viveros
municipales y, desde allí, se hacía
el encierrillo, faena consistente en el traslado
de la manada hasta el corralillo de Santo Domingo.
Con el tiempo, ese traslado se convirtió
en un acto más del programa, con sus
propios ritos. |
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- Riau-riau:
el riau-riau lleva años sin realizarse. Es el
nombre popular que recibe la marcha
de la Corporación a las vísperas.
En su origen, fue el grito con que la mocica rubricaba
cada estrofa del vals que M. Astráin estrenó
con la banda de la Casa de la Misericordia en el desfile
hacia San Lorenzo. Hacia 1915, grupos de mozos inspirados
por Ignacio Baleztena, intentaban
frenar la marcha de los ediles hacia la parroquia,
de ahí que ya no se realize, a pesar de que el
alcalde de la nueva legislatura ha prometido a los pamplonicas
un riau-riau estos Sanfermines.
- Octava: el
programa religioso termina todos los años con
la Octava, el 14 de julio. Asiste el Ayuntamiento de
gala, con música y comparsa de gigantes. Al regreso,
y ante la Casa Consistorial, la comparsa ejecuta algunos
bailes.
HEMINGWAY
Hubo una vez un hombre cuyo nombre y cuya obra conoce
todo el mundo. Era un literato norteamericano que se llamaba
Ernest Hemingway, que en 1953, consiguió el Premio
Nobel de Literatura, y que murió
trágicamente en 1961.
Este hombre, en 1926, publicó una novela, "The
sun also rises", cuya segunda mitad se desarrolla en las
fiestas de Pamplona . Esta novela hizo que la capital
navarra y sus fiestas sanfermineras adquiriesen
fama mundial.
Hacia 1954, en una encuesta realizada por las oficinas
de turismo de España en diversas naciones, se averiguó
que casi el noventa por ciento de los extranjeros que
acudían a los sanfermines, lo hacen por conocer
directa o indirectamente, la citada novela de Hemingway
o por haber visto la película, Fiesta, basada en
ella.
Pamplona, agradecida al genial novelista, quiso perpetuar
su memoria dedicándole en 1968 un monumento en
piedra que se alza junto a la plaza de toros.
Estas palabras de Jose
M. Iribarren demuestran la importancia que Hemingway
tuvo en la vida de los sanfermines. Creemos que con esto
no hace falta decir más.
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