Inmediatamente después
de la cobarde decisión de Pilato lo vistieron con sus propias ropas,
y cargó el madero de su cruz. Custodiado por soldados romanos,
salió Jesús hacia el lugar llamado Gólgota o Calvario,
en los extramuros de la ciudad. El centurión obligó a un labrador llamado Simón
de Cirene, a que le ayudara a llevar el madero, pues era muy pesado.

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Era mediodía cuando llegaron al Calvario. Después de despojarlo de sus vestiduras, lo clavaron de pies y manos al madero. Con Jesús crucificaron a dos ladrones, uno a cada lado. Los soldados se dispusieron a esperar a que Jesús muriera. |
| Jesús en su agonía rezaba: -Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Uno de los ladrones le pidió: -Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. -Hoy estarás conmigo en el Paraíso -le aseguró Jesús. Junto a la cruz estaban su madre y el joven Juan. Les dijo: -Mujer, he ahí a tu hijo. Juan, he ahí a tu madre. Era hacia las tres de la tarde. Densos nubarrones hablan entenebrecido el cielo. Con gran voz exclamó: -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. E inclinando la cabeza expiró. La tierra tembló, rasgándose el velo del templo. |
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