Con las luces del alba del
primer día de la semana, los soldados notaron una fuerte sacudida
bajo sus pies y el resplandor como de un relámpago los aturdió.
El miedo les hizo correr a contar lo ocurrido a los jefes de los judíos. Casi al mismo tiempo el grupo de mujeres salió de la casa con
los ungüentos y aromas. Mientras iban se decían: ´¿Quién
nos quitará la piedra del sepulcro?ª Cuando estaban cerca
la vieron corrida. Entraron y comprobaron que no estaba allí el
cuerpo de Jesús. María Magdalena, sin aguardar más,
corrió a dar tan lamentable noticia a Pedro y a Juan. Las otras
mujeres se quedaron allí y de pronto vieron a un joven con vestiduras
blancas sentado al lado derecho, que les dijo: -No temáis. Sé que buscáis a Jesús Nazareno.
No está aquí, ha resucitado. Id y decidlo a sus discípulos.

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Ellas salieron gozosas a dar la noticia. Pedro y Juan acudieron corriendo y comprobaron lo que les había dicho María Magdalena, que venía detrás. Juan creyó que había resucitado al ver cómo estaban los lienzos que habían envuelto el cuerpo de Jesús. Ambos regresaron a la ciudad. |
| María Magdalena se quedó llorando a la entrada del sepulcro; vio a un hombre de pie y creyendo que era el hortelano, le dijo: -Si te lo has llevado tú dime dónde lo has puesto. -¡María! -le dijo Jesús. -¡Maestro! -exclamó ella reconociéndolo. Se postró y le abrazó los pies. Jesús también se apareció al grupo de mujeres que aún iban hacia la ciudad: -Dios os guarde. Dad la buena nueva a los hermanos; que vayan a Galilea y allí me verán. Ellas, al reconocerlo, se le acercaron y lo adoraron postradas. Los discípulos no las creyeron. |
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