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Amistad y amor entre adolescentes

 

Hemos visto ya cómo en la pubertad la amistad entre adolescentes del mismo sexo suele estar "teñida" por el amor. Las "amistades particulares" o "amistades apasionadas" son una clara expresión de ese fenómeno. Amor y amistad aparecen también mezclados, en algunas ocasiones, en las pandillas mixtas de adolescentes que surgen después. Más adelante estos dos sentimientos se diferenciarán, de forma que entre dos jóvenes de distinto sexo se opta ya entre la amistad y el amor. Pero esta posibilidad teórica no debe ocultarnos un hecho real: la amistad íntima entre dos adolescentes de distinto sexo tiende a convertirse en enamoramiento.

Un dato fundamental que conviene recordar para comprender la evolución de las relaciones entre chicos y chicas a lo largo de estas edades, es el siguiente: durante la pubertad y parte de la adolescencia media, los dos componentes del amor (instinto sexual y sentimiento o ternura) están todavía disociados. Esta disociación revela que el amor se halla aún en una fase de inmadurez.

Existe, por tanto, una evolución o desarrollo progresivo de la capacidad de amar a lo largo de la pubertad y adolescencia. Lo que corrientemente se denomina "nacimiento del amor" o llegada del "primer amor" no suele ocurrir antes de los 16 años en las chicas y de los 17 ó 18 en los chicos. A partir de ese momento se funden o integran armónicamente el instinto y la ternura.

 

La relación en los grupos mixtos: amistad y "ligue"

Superada la fase de la pubertad comienza la de la adolescencia. En los chicos se extiende de los 14 a los 17 años, aproximadamente. Las chicas llegan a este periodo un año antes como mínimo. Para ellas, por tanto, la adolescencia abarca de los 13 a los 16 años.

A lo largo de esta etapa sigue la disociación entre el instinto sexual y la ternura, pero de forma decreciente. El primero se desarrolla ahora mucho. Se pasa del despertar interior de la sexualidad (típico de la pubertad) a la exteriorización de la sexualidad. El instinto se hace más imperioso y empieza a buscar su objeto en el sexo opuesto. Se dirige, inicialmente, a varias personas y, posteriormente, a una sola.

El adolescente arranca de una actitud narcisista: la necesidad de amar se vuelve de modo muy notaba sobre el mismo sujeto, quien desde entonces tiene la tendencia a estudiarse, analizarse, mirarse y quererse.

Pero esta necesidad de amar no se satisface plenamente consigo mismo. Surge pronto un interés directo entre los adolescentes de los dos sexos, que se buscan y acaban encontrándose. El nuevo rasgo es la atracción física mutua; pero junto a él permanece todavía el sentimentalismo e idealismo que se inician en la pubertad.

Los chicos comienzan normalmente a sentir atracción por personas del otro sexo desde los 14 años. Hasta los 16 años no suelen salir a solas con una chica. Las chicas se sienten atraídas por los muchachos desde los 12 años y empiezan a salir con uno de ellos alrededor de los 14 años.

A lo largo de esta etapa adolescente se observa que las aproximaciones y contactos físicos son mucho más importantes para los chicos que para las chicas. En estas últimas cuenta más el elemento afectivo de la relación hombre-mujer que la atracción corporal y las manifestaciones externas de cariño.

En las muchachas la ternura se desarrolla antes que el placer de los sentidos. Ello explica que en su vida tengan más peso las imaginaciones sentimentales y novelescas.

Las chicas rehuyen inicialmente la inclinación de los chicos a lo sexual. Pero esto se debe no sólo a las diferencias que se establecen entre la masculinidad y la feminidad; obedece también a que poseen un grado de madurez más elevado; están más cerca que los muchachos de la armónica integración entre el instinto y la ternura. Esta integración es, como ya hemos visto, una de las metas principales a la que tiende la evolución del amor.

Para las chicas adolescentes, los chicos de su edad son unos "críos". No tienen ningún interés para ellas. Prefieren a jóvenes de 16 años en adelante. Este rechazo desconcierta inicialmente a los chicos, que no tendrán más remedio que relacionarse con chicas menores de 13 años. Estas últimas están todavía en la pubertad, pero empiezan ya a sentirse halagadas por el interés de los muchachos.

No es frecuente la relación individual y a solas entre chicos y una chica al comienzo de la etapa que estamos analizando. Lo corriente es que los primeros contactos se establezcan a nivel grupal. En un primer momento, suele haber un acercamiento del grupo de chicos al grupo de chicas, pero sin que exista todavía interacción entre sus miembros. Solamente hay contacto superficial, tangencial, entre dos grupos que mantienen su independencia y su distancia.

En un segundo momento, surge la interacción heterosexual, que es iniciada por los componentes de más prestigio de cada uno de los grupos. Nace así el grupo mixto. La pertenencia al grupo mixto o heterosexual no sustituye, sin embargo, la pertenencia a la panda de amigos del mismo sexo. Ambas agrupaciones se mantienen.

En un tercer momento, el grupo mixto inicial se fracciona en grupos más pequeños de acuerdo con afinidades personales. En estos grupitos existe mucha relación personal en un clima de confianza e intimidad.

El último episodio de este proceso es la desintegración de la pequeña panda mixta y la formación de parejas, que pueden ser de amigos, de novios, o de una mezcla de ambas cosas.

¿Qué tipo de convivencia existe, normalmente, entre los chicos y las chicas adolescentes en el seno de los grupos mixtos?

La relación que les une es, en principio al menos, de amistad. Se reúnen para hacer lo mismo que la pandilla de amigos del mismo sexo: conversar, divertirse, hacer proyectos comunes, etc. Es verdad que algunos miembros de la pandillas heterosexual acabarán mezclando la amistad con el amor y que, con el tiempo, probablemente se desgajará del grupo alguna pareja de enamorados. Pero todo eso no significa que la relación anterior sea una relación amorosa ni que desemboque necesariamente en el amor.

La amistad en el grupo mixto de adolescentes cumple una función necesaria para el conocimiento y comprensión mutua entre personas de diferente sexo. Por otra parte, el contraste y complementación entre el carácter masculino y el femenino enriquece la personalidad tanto de los chicos como de las chicas. Este tipo de amistad proporciona, además, experiencia e información útil para la posterior relación de amor.

La aproximación y comunicación inicial con personas del otro sexo no suele ser fácil en esta edades. La timidez y el miedo a un posible compromiso son un condicionamiento: sólo hay ensayos sin compromiso, comparables al rapaz que pulsa el timbre y echa a correr para ver cómo funciona. Una vez que desencadena la reacción se aparta, no la afronta, porque no va con él todavía.

Estos contactos iniciales se producen en situaciones no programadas: durante el paseo, en la piscina, etc. La actividad principal es la conversación, que se desarrolla de forma grupal. La falta de experiencia hace que los adolescentes de uno y otro sexo actúen por el procedimiento de "ensayo y error". Hay un aprendizaje por "tanteo". Es un juego de aproximación en el que se experimentan algunas formas de comportamiento adulto.

El área de actividades comunes se va ampliando poco a poco: guateques, bailes en discotecas, fiestas con ocasión de algún acontecimiento especial, cenas en algún restaurante o cafetería, salidas al campo, excursiones, etc. Se trata ya de actividades programadas por el grupo mixto.

El baile suele tener un papel especial en esta aproximación entre adolescentes de diferente sexo. Es un vehículo de comunicación a través de la mirada, el gesto, el movimiento coordinado, la música compartida, la conversación, etc. Puede ser un factor de maduración sexual, especialmente para los chicos, que necesitan aprender a dominar sus impulsos.

Pero, naturalmente, estas posibilidades están en función del tipo de baile y del ambiente en el que se desarrolle. Hay bailes decentes y hay bailes indecentes. En estos últimos el fin no es el trato y la comunicación, sino el placer derivado del contacto físico. Ese riesgo se da menos actualmente que en épocas pasadas, debido a que en el baile moderno los dos componentes de la pareja actúan por separado.

A lo largo de los diferentes juegos de aproximación, de los ensayos vacilantes de trato entre chicos y chicas adolescentes, se van exteriorizando comportamientos típicos de la masculinidad y de la feminidad.

Los muchachos cuidan ahora mucho su aspecto exterior con el fin de impresionar a las chicas. En poco tiempo pasan de desaliñados a presumidos. Permanecen muchas horas ante el espejo peinándose con parsimonia o buscando la "pose" que realce mejor sus atractivos físicos. Usan todos los medios a su alcance para llamar la atención de las chicas, llegando a veces a un exhibicionismo similar al del papagayo.

Algunos chicos de la pandilla mixta necesitan afirmar su masculinidad y expresarla hacia afuera. Mientras las muchachas siguen con sus fantasías sentimentales, la sexualidad más activa y más consciente del joven lo devuelve, por el contrario, a esta tierra. No podría contentarse mucho tiempo con amores irreales; se vuelve activamente hacia la compañera del otro sexo, hace la corte -una corte muy torpe y muy inhábil al principio-, la trata de conquistar.

Estamos en el momento del galanteo.

Las chicas responden con la coquetería. Es una coquetería más inocente que la de las edades posteriores. En el ambiente permisivo de hoy no es infrecuente, sin embargo, el aprendizaje precoz de la coquetería de la mujer adulta.

Las adolescentes adoptan una actitud ambigua y compleja que perturba y estimula a los chicos: primero se insinúan y luego cortan o retroceden. Aparentemente ceden la iniciativa, pero en realidad son ellas las que dirigen el juego: si el muchacho desea conquistar, la adolescente no desea ser conquistada. Pero esta pasividad no pasa de ser superficial, y resulta a veces conquistado el que pensaba conquistar. El vencedor se encuentra atado al carro de la hermosa con otros muchos.

Las chicas adolescentes sienten halagada su vanidad ante el galanteo de los muchachos. Este reconocimiento de su belleza y atractivo será un importante factor en la autovaloración personal.

Los chicos suelen ser bastante influenciables por las chicas en el seno de estos grupos mixtos de la adolescencia.

El "juego" del galanteo y la coquetería suele concretarse en esta época en el conocido fenómeno del "ligue". Un chico y una chica se "desmarcan" del grupo mixto con la pretensión de ser novios.

El "ligue" es una relación superficial y pasajera que se establece a modo de prueba. El cambio periódico de pareja sirve para sumar experiencias que serán muy útiles en una unión posterior más consistente y duradera.

La atracción propia del "ligue" se centra -al menos inicialmente- en la belleza física: se habla de que el individuo está prendado. Fascinado por lo exterior, el que está prendado no ve los defectos del carácter de la otra persona, por lo cual sigue frecuentemente, antes o después, un desengaño. Tal desengaño, al no afectar a la persona en lo más profundo de su ser, generalmente no resulta difícil de olvidar. El joven puede estar prendado con frecuencia.

En esta fase el otro no es todavía un ser que interesa tratar y conocer. Apenas existe intercambio de vivencias íntimas. El otro es fundamentalmente un objeto que se desea, algo que se quiere poseer como si fuera una propiedad particular. No es visto como persona. La falta de relación interpersonal impide considerar al "ligue" como una forma de amor.

 

El nacimiento de la amistad íntima y del primer amor

Al término de la adolescencia, en la llamada "edad juvenil" (a partir de los 16 años, en las chicas, y de los 18 en los chicos) el trato mutuo entre personas de los dos sexos se hace en pareja. La convivencia en el grupo mixto y en el grupo unisexual no desaparece necesariamente, pero pasa a segundo plano.

La relación de pareja entre chico y chica puede establecerse a nivel de amistad íntima o a nivel de amor (noviazgo). En algunos casos coexisten los dos tipos de relación (dirigido cada uno a diferente persona).

¿Qué factores han hecho posible esta evolución? Sin duda, uno de ellos es la experiencia de amistad y de galanteo vivido en los grupos mixtos de la adolescencia, y que ya ha sido analizada. Gracias a dicha experiencia se descubre a la persona, que es la condición básica para que nazca tanto la amistad como el amor.

En efecto, en la edad juvenil la pareja se interesa más por la persona del otro que por el tipo físico y cualidades externas, profundizando el encuentro y el conocimiento mutuo en el plano espiritual por la elección de ideales comunes, por la igualdad de deseo sobre el hogar y proyectos para la vida.

El chico y la chica buscan en el otro un complemento personal. Aspiran a la compenetración profunda y no simplemente a una relación superficial y pasajera.

Los jóvenes tienen ahora un marcado interés por los valores encarnados en la persona que aman (que es preferida y amada precisamente por poseer esos valores).

 

Gerardo Castillo

La educación de la amistad

Ed. EUNSA, 1988


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