Aprendiendo a leer con el ordenador
Alberto Cascante Díaz.- Departamento de Lengua.- Colegio Irabia, 1999

 

    "Mi mamá me mima mucho...". ¿Quién de nosotros no relaciona esta frase, entrada en años, con aquellas tardes de colegio en que aprendimos a leer? Buscando en el baúl de los recuerdos, y sin necesidad de realizar grandes esfuerzos, estoy seguro de que podríamos añadir a esta historia lejana, los dibujos infantiles de la cartilla de lectura, el sabor a bocadillo de mantequilla y azúcar y el cariño de una monjita, el profe o la seño, cuyo rostro, también hecho a base de paciente azúcar, repetía con nosotros muy despacio: "mi mamá me mima mucho..."

     Hace ya mucho de aquello, ¿verdad? Tanto que, si aceptamos que los tiempos han cambiado y con él nosotros también, podríamos preguntarnos: ¿Y ahora? ¿Qué recuerdos quedarán grabados en la mente de nuestros hijos al enfrentarse a ese enconado enemigo que hay detrás de cada letra?
 Entre el tiempo que media entre nuestra infancia y la de los ahora infantes, se han producido tantos cambios, y a tal velocidad, que, al menos en el plano tecnológico, hemos de reconocer que hemos vivido, sin darnos cuenta, una verdadera revolución. Y la educación, esa caprichosa directora de nuestra historia personal, a veces exitosa o en ocasiones traumática, no ha sido ajena a esta evolución.

     La informática, como medio, como modo, como lenguaje, se ha abierto paso entre nosotros con una fuerza extraordinaria. Los docentes y educadores, sensibles a las necesidades de la sociedad, ya no sólo enseñan informática como contenido, sino que la utilizan como herramienta para enseñar.

     Un ejemplo de ello es la lectura. ¿Con un ordenador? sí, por qué no. En las aulas de 1¼ de Primaria, hemos dispuesto un ordenador, uno de cuyos muchos fines es completar el aprendizaje de la lectura. Disponemos de un sencillo programa, el Power Point, que muestra en la pantalla cuantas imágenes queramos resaltar, en un orden determinado, con efectos o sin ellos y que se visualizan una tras otra, simplemente tocando el ratón del ordenador. Así de sencillo. Hemos preparado una serie de "tarjetas" que presentan todas las sílabas del abecedario, otra serie con sonidos trabados y otra serie con palabras. Cada día, a lo largo del curso, durante unos minutos, convocamos a la clase junto al ordenador y pasamos ante sus ojos la serie de la letra, sílaba, sonido trabado o conjunto de palabras en la que estamos insistiendo en esa semana. Hacemos proyecciones breves, rápidas, con dos o tres repeticiones, puesto que la atención de los niños pequeños difiere mucho de la nuestra y, entre otras cosas, no son capaces de mantenerla durante un tiempo prolongado. Es más eficaz dar un contenido breve y repetirlo a diario y, así, casi sin quererlo, como si fuera un juego, acaban leyendo mejor. Por supuesto que los libros se siguen necesitando y de hecho los utilizamos como elemento básico y principal para enseñar a leer: estos no son excluidos sino que se ven complementados. Hemos comprobado que el uso del ordenador está lleno de ventajas, siempre y cuando, claro está, se emplee con la mesura y el equilibrio que requiere todo en educación.

     Los límites del programa y del material los marca la imaginación del profesor. Se puede pedir a la clase entera, a un niño o a un conjunto de niños que lean las tarjetas que van apareciendo. Se pueden preguntar palabras que empiecen, que terminen o que contengan esa letra o sílaba; se discriminan unas de otras; se aprenden a reconocer y discriminar mayúsculas y minúsculas; se enseña a pronunciarlas correctamente; se insisten en los casos especiales de nuestras letras, que son unos cuantos; se realizan pequeñas carreras y competiciones... y como el material no se gasta, ni se estropea y siempre está disponible para ser modificado o ampliado, está preparado al gusto del profesor, actualizado cada vez con mayor perfección.

     Yo no sé si mis alumnos, dentro de tres décadas, recordarán con cierta nostalgia aquella pantalla de ordenador que mostraba letras en rojo, aquél balón que siempre estaba pinchado o aquél juego electrónico que trajeron una noche los Reyes Magos. A mí me gustaría que fuera así y que además, también pudieran recordar que fueron educados con mucho cariño. Y es que, aunque cambien los tiempos y con ellos tantas cosas, "mi mamá y el ordenador, me mima mucho..."

 

Alberto Cascante Díaz
Departamento de Lengua
Colegio Irabia